viernes 2 de julio de 2010

PAGANISMO

por Alain de Benoist

Si se admite que algo es grande, dice Heidegger, «entonces el comienzo de esa grandeza resulta ser lo más grandioso». Evidentemente, el paganismo en la actualidad supone en primer término, una cierta familiaridad con las religiones indoeuropeas antiguas, su historia, su teología, su cosmogonía, su simbolismo, sus mitos y mitemas de los que se componen. Familiaridad en el saber, pero también familiaridad espiritual, familiaridad epistemológica, y aunque también familiaridad intuitiva. En efecto, no se trata únicamente de acumular conocimientos sobre las creencias de las diferentes provincias de la Europa pre-cristiana (ni por otra parte ignorar lo que pueda distinguirlas, a veces profundamente, a las unas de las otras), sino sobre todo identificar en estas creencias la proyección, la transposición de un cierto número de valores, que como herederos de una cultura, nos pertenecen y nos conciernen directamente. (Lo que lleva por consiguiente a reinterpretar la historia de los dos últimos milenios como el relato de una lucha espiritual fundamental).

Es ya una tarea considerable. No solamente las religiones de la Europa antigua no le van a la zaga al monoteísmo en cuanto a su riqueza o su complejidad espiritual teológica, sino que incluso se puede considerar que le superan muy a menudo en este terreno. Que le superen o no, no es por otra parte lo más importante. Lo que es importante, es que nos hablan -y yo, por mi parte, obtengo más enseñanzas de la oposición simbólica de Jano y Vesta, de la moral de la Orestíada o del relato del desmembramiento de Ymir, que de las aventuras de José y de sus hermanos o de la historia de la muerte abortada por Isaac. Más allá de los propios mitos, conviene buscar una cierta concepción de la divinidad y de lo sagrado, un cierto sistema de interpretación del mundo, una cierta filosofía. B. H. Lévy se remite al monoteísmo, aunque declara que no cree en Dios. Nuestra misma época es profundamente judeocristiana, aunque las iglesias y sinagogas se vacíen; lo es por su forma de concebir la historia, por los valores esenciales a los que se refiere. Por el contrario, no hay necesidad de «creer» en Júpiter o en Wotan -a pesar de que no es más ridículo que creer en Yavé- para ser pagano. El paganismo, hoy en día, no consiste en edificar altares a Apolo o en resucitar el culto a Odín. Implica, por el contrario, buscar detrás de la religión, y siguiendo un esquema ya clásico, el «utillaje mental» del que es producto, a qué universo interior hace referencia, y qué forma de aprehensión del mundo traduce. En definitiva, implica considerar a los dioses como «centros de valores» (H. Richard Niebuhr), y las creencias de las que son objeto como sistemas de valores: los dioses y las creencias pasan, pero los valores permanecen.

Es decir, que el paganismo, lejos de caracterizarse por una negación de la espiritualidad o un rechazo de lo sagrado, consiste por el contrario en la elección (y la reapropiación) de otra espiritualidad, de otra forma de lo sagrado. Lejos de confundirse con el ateísmo o con el agnosticismo, establece entre el hombre y el universo una relación fundamental religiosa -y de una espiritualidad que se nos aparece como mucho más intensa, grave y fuerte que la reclamada por el monoteísmo judeocristiano. Lejos de desacralizar el mundo, lo sacraliza en el sentido estricto, y es precisamente por esto, ya lo veremos, por lo que es pagano. Tal como escribe Jean Markale, «el paganismo no es la ausencia de Dios, la ausencia de lo sagrado, la ausencia de lo ritual. Más bien al contrario, es, a partir de la constatación de que lo sagrado ya no está en el cristianismo, la afirmación solemne de una trascendencia. Europa es más pagana que nunca cuando busca sus raíces, que no son judeocristianas» (Aujourd´hui, l´esprit païen? , en Marc Smedt, ed., L´Europe païenne, Seghers, 1980, p. 16).

El sentido de lo sagrado, la espiritualidad, la fe, la creencia en la existencia de Dios, la religión como ideología, la religión como sistema y como institución son nociones muy diferentes y que no se entrecruzan necesariamente. Tampoco son unívocas. Hay religiones que no tienen Dios (el taoísmo, por ejemplo); creer en Dios no implica necesariamente que se trate de un Dios personal. En cambio, imaginar que se podría eliminar de manera permanente toda preocupación religiosa del hombre, es a nuestro modo de ver una pura utopía. La fe no es ni un «retroceso» ni una «ilusión», y lo mejor que puede hacer la razón es que ella sola no basta para colmar todas las aspiraciones interiores del hombre. «El hombre es el único ser que se sorprende de su propia existencia, constata Schopenhauer; el animal vive tranquilamente sin sorprenderse de nada (…) Esta sorpresa que se produce, sobre todo frente a la muerte y observando la destrucción y desaparición de todos los otros seres, es la fuente de nuestras necesidades metafísicas; es por ello que el hombre es un animal metafísico» (Le monde comme volonté et comme representation, PUF, 1966). La necesidad de lo sagrado es una necesidad fundamental del ser humano, tan importante como la alimentación o la copulación (si hay quienes prefieren prescindir, allá ellos). Mircea Eliade señala que «la experiencia de lo sagrado es una estructura de la conciencia», de la que no se podría hacer economía (entrevista en Le Monde-Dimanche, 14 de septiembre de 1980). El hombre tiene necesidad de una creencia o de una religión -nosotros distinguimos aquí la religión de la moral- en tanto que ritual, en tanto que acto uniforme apaciguador, como parte concerniente que toma los circuitos habituales por los cuales se construye. A este respecto, la reciente aparición de la descreencia verdadera forma parte de los fenómenos de decadencia que desestructuran al hombre en lo que tiene de específicamente humano. (¿El hombre que ha perdido la capacidad o el deseo de creer, es aún un hombre? Se puede al menos plantear la cuestión). «Puede haber una sociedad sin Dios, escribe Régis Debray, no puede haber una sociedad sin religión» (Le scribe, Grasset, 1980). Y añade: «Los Estados en vías de incredulidad, están en vías de abdicación» (ibid.). Se pueden igualmente citar las palabras de Georges Bataille, según el cual «la religión, cuya esencia es la búsqueda de la intimidad perdida, se reduce a un esfuerzo de la clara conciencia por devenir completamente conciencia de sí» (Théorie de la religion, Gallimard, 1973). Basta con esto para condenar al liberalismo occidental. Ciertamente, representa darle aún mucho crédito al judeocristianismo al rechazar las nociones de las que pretende arrogarse el monopolio, por el único motivo de esa pretensión. No hay lugar para rechazar la idea de Dios o la noción de lo sagrado bajo el pretexto de que el cristianismo ha dado sobre ello una idea enfermiza, sería como romper con los principios aristocráticos bajo el pretexto de que la burguesía los ha caricaturizado. ■

¿Cómo se puede ser pagano?, de Alain de Benoist. Ediciones Nueva República, S.L. Pág. 61-64. Traducción de Jordi Garriga y José Luis Campos.


OTROS TEXTOS:

9 comentarios publicados, haz el tuyo:

daorino dijo...

Quería escribir sobre paganismo, pero me pareció mejor poner este texto de Benoist, pues explica muy bien parte de lo que significa el paganismo.

Hasta pronto.

León Riente dijo...

El mejor Alain de Benoist, de hace 25 años ya. Individualidad descollante de un numeroso grupo de pensadores que hizo temblar a todo el establishment intelectual francés e incluso europeo.

La Europa futura será pagana o no será. El texto lo dice, unas veces de forma clara, otras ímplicitamente. El cristianismo ha triunfado finalmente: "Nuestra misma época es profundamente judeocristiana, aunque las iglesias y sinagogas se vacíen; lo es por su forma de concebir la historia, por los valores esenciales a los que se refiere"; no sólo valores, también estructuras. Y ese triunfo es la causa de nuestra decadencia como pueblo. Porque "los Estados en vías de incredulidad, están en vías de abdicación" (citado de Régis Debray) y el cristianismo llevado a sus últimas consecuencias es la causa del ateísmo moderno, al desacralizar el mundo por efecto de su conocido dualismo entre el ser increado y el creado.

julio sanz dijo...

Fundamentalmente... casi de acuerdo en todo... pero soy muy esceptico en cuanto a la posibilidad de restaurar un "paganismo" muerto hace tanto tiempo... No digo que sea imposible... Supongo, sin embargo, que restablecer o recuperar una religión auténticamente pagana y europea no sea hoy una prioridad... puesn quizás tendríamos antes que recuperar a los cristianos... como aliados contra los enemigos comunes (el islam y otras "culturas"): sólo se me ocurre una forma: volviendo a helenizarlos... El cristianismo se judaizó por causa de la "reforma" protestante que revalorizó el papel del Antiguo testamento...
Deberíamos intentar romanizar otra veza la Iglesia Romana y tratar de que fuera menos "católika" en el sentido de "universal"... Al parecer en ciertas circunstancias el Cristianismo ha servido de elemento de cohesión para un pueblo (La reconquista de Iberia y
la conquista de América hispana... ¿habria sido posible sin el factor evangélico?. Sin embargo, ciertamente creo que todo lo bueno que ha tenido el Cristianismo nace sobre todo de sus componentes germánicos y grecolatinos...
Es sólo una opinión... espontánea...pero creo que es peligroso "descristianizar" sin previamente haber encontrado una religión substitutiva o superio...

León Riente dijo...

Interesante lo que dices Julio.

Pero de ser cierto las tesis benoistianas aquí expuestas, el triunfo del cristianismo ya sería un hecho. La desacralización del mundo y la expansión del ateísmo moderno sería el triunfo en lo religioso de esta religión. E ideológicamente también habría triunfado en sus formas profanas, marxistas y liberales.

Restaurar una antigua religión es complicadísimo. Sé de la existencia de varios miles de asatrus en Islandia, uno de los últimos lugares de Europa conquistados por el cristianismo.

Por eso Benoist propone, como algo más fácilmente alcanzable, la recuperación al menos de los valores de esas antiguas religiones nuestras.

Esto cobra mayor oportunidad en este momento al comprender que tales valores son los adecuados para emprender una reconquista de nuestra territorio perdido ante los invasores.

Valores que en la pág. 69 de la misma obra transcrita aquí, resume en:

- concepción eminentemente aristocrática de la persona humana
- una ética fundada sobre el honor (la vergüenza más que el pecado)
- una actitud heroica ante los desafíos de la existencia
- la exaltación y la sacralización del mundo, de la belleza, del cuerpo y de la fuerza
- la inseparabilidad de la estética y la moral

Saludos.

qbit dijo...

Tendríais que escribir un buen artículo para explicar esa dualidad entre el ser increado y el creado como causa o influencia en el ateísmo. Ya lo habéis comentado varias veces y la primera vez que lo leí no me enteraba del porqué, y tuve que pensarlo un rato, así que seguramente a la inmensa mayoría de la gente ni se le ha ocurrido, y es un asunto importante para mostrar la relación entre ateísmo y cristianismo.

También tendríais que escribir otro sobre paganismo, porque este de Benoist es como una introducción y no es ligero de asimilar para la gran mayoría de la gente de la LOGSE y demás.

Y también porque una de las continuaciones de mi artículo "Moral natural contra moral artificial" va a ser "Religión natural contra religiones artificiales", y necesito información sobre el paganismo, que es una cosa bastante desconocida para mí, para compararlo con las religiones abrahámicas, y como vosotros sois los entendidos en el asunto, pues os encargo el trabajo de facilitarme el asunto. No me hagáis leer un libraco gordo, habiendo blogs que pueden informar del asunto de manera más rápida y breve, jajaja.

daorino dijo...

jejejeje. Qbit, tomo nota, quizá lo haga. Aunque el especialista es León Riente.

Para tu artículo "Religión natural contra religiones artificiales" puedo darte a bote pronto unas ideas. Yo creo que por definición las religiones son artificiales, puesto que son construcciones humanas, construcciones para el consuelo y en muchas ocasiones para inspirar el arte, la música, el heroísmo y las grandes gestas. Por lo tanto de naturales o no va en relación con lo que queramos entender por ello, y se refiere más a la forma de "interactuar con" o a la forma de "entregarse a" y de "vivir".

Una religión natural interactúa con el medio, con la naturaleza propiamente dicha, construye a partir de ella y por lo tanto TODO LO QUE VE ES SAGRADO. Es más, para religiones naturales lo que ve "es". Las religiones innaturales son las excesivamente racionales, las que construyen con el VERBO y procesos lógicos: "Cuando se ha demostrado la existencia de Dios ha sido por deducciones lógicas" (así que si te llaman ilógico por no creer en el Dios ese de los manoteos que no te escandalice, pues tienen razón -yo he aprendido, con el tema de la lógica, que es poco lógica y que Dios es ESPECULACIÓN). Interactúan con la propia racionalidad dándole a la naturaleza un rango inferior, desacralizándolo y espiritualizándolo totalmente: de ahí que todo lo que sea material, el cuerpo, todo lo que la materia provea, placer, sean pecado y conlleven castigo, por ello la ablación y el flagelo, porque para estas religiones el sufrimiento es el único modo de expiación, una forma de huir del placer y del pecado (esta gente no soporta el peso de su propio cuerpo). Lo que importa y "lo que es" para éstos es lo pensado, no "lo que es" por ser por poder ser vivible y tocado y visto. Las religiones naturales son sensuales, las artificiales introspectivas. Como ves, lo que se deduce es prácticamente la confrontación paganismo-abrahamismo, la confrontación UNICIDAD del mundo y de lo sagrado (una especie de panteísmo) con el DUALISMO, el mundo desacralizado y el mundo de más allá, el divino.

Lo de Ser Creado y Ser Increado, uff, eso me pilla en ascuas, pero es curioso cómo los paganos son los creadores de dioses y los abrahámicos adoradores de un ser que no fue creado, que surge como revelación, y que es un ser egoísta a más no poder: el secreto de este Dios y de su poder es que no fue creado por el hombre y por lo tanto escapa de sus manos. Los dioses paganos parten del hombre, como no podía ser de otra forma, y la aspiración del hombre era llegar a ser inmortal, para ser ascendido a rango de dios, pues la inmortalidad y la mortalidad es lo que diferencias a dioses y hombres. Mientras que el paganismo proveía una religión y una escala de valores para el perfeccionamiento del individuo, el abrahamismo cultiva la entrega total y la renuncia hacia El Perfecto, siendo el perfeccionamiento propia una ilusión. El ser Increado pide todo de ti, y no da tregua.

El ateísmo y el cristianismo guardan mucha relación con este concepto, relación que se reduce a un divorcio entre el ser creado (el hombre) y el ser Increado. El ateo se revela a su Dios como un padre se revela a su hijo. Por lo demás, el ateísmo es la "inversión" (en el sentido de que cuando uno dice si el otro dice no pero los valores son los mismos) propia del judeocristianismo, al que le debe toda su existencia pues construye a partir de su rechazo a Dios y nada más. Ateísmo y cristianismo parten de una misma moral, lo que ocurre es que el primero construye para el ser creado, el hombre, y el segundo da todo para el Increado, Dios; pero ambos son afirmadores de la misma idea de Dios.

Y bien , al final me he liado a escribir y casi me ha salido un artículo, jejeje…

Espero ser de ayuda.

Hasta pronto.

DΛORINO dijo...

Aquí os dejo todos los fragmentos del libro ¿Cómo se puede ser pagano? que me han parecido más destacados y que, con mucha paciencia, he transcrito. Pro ello que no sorprenda si veis alguna errata.

http://docs.google.com/document/pub?id=10BoAtQHABelBIIh1Lb0r-7dw9XHnWRXtT-gS1LMTVf8

hasta pronto.

qbit dijo...

Juraría haber dejado aquí un segundo comentario.

DΛORINO dijo...

He mirado en mi correo Qbit y comentarios tuyos en esta entrada solamente los que ya hay publicados.

Hasta pronto.