CICLO
"Sobre Epicuro" PARTE (PARTE III/III)
Epicuro, ¿soluciones para cansados?
Que el sistema de Epicuro está destinado a solucionar los problemas existenciales del griego de su tiempo está fuera de toda duda. Todo en él se dirige a este fin. Éste es el motivo del desarrollo de la llamada canónica, una gnoseología o teoría del conocimiento. También de sus exposiciones acerca de física, astronomía y meteorología. El conocimiento del universo en Epicuro queda únicamente justificado por la utilidad que pueda tener en orden a fortalecer al hombre anímicamente (1). Es este objetivo, igualmente, el porqué de la elaboración que hace de ciertas nociones éticas.Pero ¿cuáles son estos problemas y qué soluciones aporta? El griego de la época de Epicuro vive una forma de vacío existencial que se traduce en una cierta sensación de alejamiento por parte de sus dioses. Igualmente, experimenta una frustración en el desarrollo de su conocida vocación política, ante la decadencia de la ciudad-estado, la polis, y el auge de la monarquía macedónica. En ambos casos, Epicuro propone una especie de abstención humana. En el primero, reafirmando ese alejamiento y enseñando que los dioses viven en un interés ajeno a la realidad humana (2). En el segundo, proponiendo un alejamiento del hombre de la práctica de la política (3).
Y ello, ¿para qué? Para lograr la seguridad, que es el mejor garante de un estado de imperturbabilidad, considerado el medio de lograr la felicidad, objetivo último del hombre según Epicuro (4). El fin de todo conocimiento es, para Epicuro, el medio de conseguir cierto nivel de seguridad y, con ello, la ansiada imperturbabilidad. La consecución de la seguridad es prioritaria para Epicuro (5). Ante los problemas que el griego de su tiempo tiene delante, la opción de Epicuro es un radical alejamiento de estos problemas y del mundo (6). No es, por el contrario, afrontarlos y tratar de conformar una realidad más acorde con la voluntad. La voluntad sólo hace acto de presencia aquí para protagonizar una retirada. Hecho que está en consonancia con la valoración que hace Epicuro de la amistad, valorada ante todo como elemento que proporciona seguridad (7). La búsqueda de la seguridad es la razón principal para no romper pactos suscritos: en caso de faltar al mismo nunca se podría tener certeza de no ser descubierto. El cumplir la palabra dada pasa a un segundo plano comparado con la zozobra que causa el hecho de no estar nunca seguro de que no se descubrirá la falta, descubrimiento que ocasionaría falta de seguridad (8). El pasar o no pasar desapercibido, el provocarse o no provocarse inseguridad, es algo que está por encima de la justicia (9).
Esta ansia de seguridad, de imperturbabilidad, de tranquilidad, este horror a los sobresaltos, esta subordinación de la amistad y de la justicia al logro de la seguridad, la proposición del aislamiento humano y del abandono voluntario de la política, esta retirada de la voluntad, todo, todo esto nos habla de un sistema filosófico y de unas soluciones destinadas a hombres muy cansados. ■
(1) En Epístola a Heródoto, epígrafe 83, se dice: “de manera tal que estas razones (han sido recogidas, en mi opinión, con cuidada precisión) [referidas a las doctrinas explicativas de la naturaleza del universo, a su física] pudieran ser capaces, aunque uno no llegue a todo el conjunto de precisiones pormenorizadas, de que este uno consiga una fortaleza incomparable en relación con las demás personas”. Obras completas. Epicuro. Cátedra, Madrid, 2007, pág. 72.
(2) Esto referido a la realidad puramente física o astronómica, como puede comprobarse en Epístola a Pítocles, epígrafe 97, donde sostiene que “la asignación a cada cuerpo celeste de la órbita correspondiente debe ser interpretada exactamente igual que ocurre en la tierra con cualquier otra cosa. Y los seres divinos no deben ser relacionados en modo alguno con estas funciones, sino que deben ser mantenidos libres de estos menesteres y en toda felicidad”. Epicuro. Op.cit., pág. 78. Pero también aludiendo a los asuntos cotidianos del hombre. Así, en Sentencias Vaticanas, epígrafe 65, puede leerse: “es estúpido pedir a los dioses las cosas que uno no es capaz de procurarse a sí mismo”. Epicuro. Op.cit., pág. 104.
(3) En Sentencias Vaticanas, epígrafe 58, dice significativamente: “hay que liberarse de la cárcel de la rutina y de la política”. Epicuro. Op.cit., pág. 103.
(4) Así, en Epístola de Epicuro a Pítocles, epígrafe 84, sostiene que “hay que pensar que el fin del conocimiento de los cuerpos celestes, explicados bien en conexión con otros cuerpos o bien en sí mismos, no es ningún otro sino la imperturbabilidad y una seguridad firme, justamente como es el fin del conocimiento relativo a las demás cosas”. Epicuro. Op.cit., pág. 73. Este deseo de tranquilidad viene corroborado por la gráfica afirmación, también en el mismo epígrafe de la misma epístola, de que “nuestra vida no tiene necesidad ya de irracionalidad y vana presunción sino de que vivamos sin sobresaltos”. Epicuro. Op.cit., pág. 74.
(5) En Máximas Capitales, epígrafe VI, afirma que “es un bien conforme a la Naturaleza poner todo interés por conseguir seguridad frente a las personas por los medios que uno sea capaz de procurarse ese objetivo”. Epicuro. Op.cit., pág. 93.
(6) En Máximas Capitales, epígrafe XIV, es claro: “la solución más sencilla para lograr la seguridad frente a los hombres, que hasta cierto punto depende de una capacidad eliminatoria, es la seguridad que proporciona la tranquilidad y aislamiento del mundo”. Epicuro. Op.cit., pág. 94.
(7) De esta manera, en Máximas Capitales, epígrafe XXVII, dice que “de todos los medios de los que se arma la sabiduría para alcanzar la dicha en la vida el más importante con mucho es el tesoro de la amistad”. Epicuro. Op.cit., pág. 96. Igualmente, en Sentencias Vaticanas, epígrafe 23: “toda amistad es por sí misma deseable, pero recibe su razón de ser de la necesidad de ayuda”. Epicuro. Op.cit., pág. 100.
(8) En Máximas Capitales, epígrafe XXXV, se afirma: “el que de una manera secreta infringe algo respecto a lo que tomaron el acuerdo entre sí de no perjudicar ni ser perjudicado no es cosa de que crea que pasará desapercibido, ni aunque de momento pase desapercibido diez mil veces. Pues hasta el final no se sabe si logrará pasar desapercibido indefinidamente”. Epicuro. Op.cit., pág. 97. Se insiste en lo mismo en Sentencias Vaticanas, epígrafe 7: “es fácil pasar desapercibido cuando se comete una injusticia, e imposible de conseguir seguridad de pasar desapercibido”. Epicuro. Op.cit., pág. 99.
(9) Nuevamente en Máximas Capitales, epígrafe XXXIV, se dice que “la injusticia no es cosa mala en sí misma sino sólo por el miedo que provoca por la sospecha de si no pasará desapercibida a los jueces encargados de ese cometido”. Epicuro. Op.cit., pág. 97. Igualmente, existe un fragmento cuyo propio lugar se ignora que dice: “el fruto mayor de la justicia es la imperturbabilidad”. Epicuro. Op.cit., pág. 119.
(9) Nuevamente en Máximas Capitales, epígrafe XXXIV, se dice que “la injusticia no es cosa mala en sí misma sino sólo por el miedo que provoca por la sospecha de si no pasará desapercibida a los jueces encargados de ese cometido”. Epicuro. Op.cit., pág. 97. Igualmente, existe un fragmento cuyo propio lugar se ignora que dice: “el fruto mayor de la justicia es la imperturbabilidad”. Epicuro. Op.cit., pág. 119.
2 comentarios publicados, haz el tuyo:
Hola León Riente, gran amigo.
Voy a comentar ciertas cosas epicúreas en términos rebatientes, ¡te declaro la guerra en este momento dialécticamente!, jaja… Bueno, no será para tanto.
Yo veo más en la propuesta de Epicuro una filosofía para hombres que quieren descansar, no para hombres necesariamente cansados, o una filosofía para quien quiera encontrar paz después de un gran ejercicio extenuante; o mejor, una respuesta “para poder vivir” en una sociedad que no merecía ninguna lucha, donde las Instituciones no merecían ningún tributo de la voluntad de cada griego.
Pero aceptemos que el epicureísmo es una filosofía para cansados. Hoy en día ni siquiera existe eso, vivimos en una sociedad de extenuados donde hay mucho filósofo crítico pero ninguna escuela filosófica que dé una respuesta real para poder vivir esta vida de nihilismo pasivo y destructivo, de masificación de la idea magna de individualismo, donde las personas cada vez están más alejadas, lo que procura precisamente inseguridad. El epicureísmo es una filosofía de “miedo a la soledad”: el retiro, mejor acompañado. En cierto modo, esa exaltación de la amistad es muy positiva, aunque tal vez en términos más fuerte y coriáceos sería más atractiva: pero no podemos pedir a epicúreo ser combativo.
Aún así, Epicuro vaticina la decadencia del espíritu griego, vigoroso, fuerte y voluptuoso, que seguiría siendo fuerte a posteriori, pero con una esencia distinta. En la actualidad no existe voluntad. La voluntad, si nos atenemos a Nietzsche, es, a grandes rasgos, “mando”; nuestra voluntad en el mundo actual son los medios de comunicación en todas sus naturalezas, especialmente la televisión, la política, las multinacionales, los ídolos futbolísticos y deportivos, el miedo, las pasiones… porque el hombre actual esta creado o hecho para obedecer, no para mandar(se a sí mismo). Así que en cierto modo hemos de aplaudir a Epicuro porque ofrece una filosofía donde el dominio de sí es preponderante y por lo tanto, como en el estoicismo, la voluntad, es decir, el mando, es hacia uno mismo. Ya es hora de que nos gobernemos a nosotros mismos: ¡sí a los hombres con voluntad! Sin voluntad queda sólo un borrego.
La masa actual reside repleta de borregos independientes, de borregos cada vez más retirados los unos de los otros. Si, el ideal capitalista se ha consumado, el individuo es cada vez más individuo, más individual, pero no ha dejado de ser borrego. Vaya, perdona, León Riente la divagación, pero he aquí una última reflexión, tal vez un tanto alejada de Epicuro, aunque a lo mejor no tanto: Socialismo: rebaño unido (la masa); Liberalismo (capitalismo): rebaño disperso (individualismo)… La mentira del socialismo es que seremos libres unidos, la mentira del liberalismo es que seremos libres individualmente, pero lo claro es que no hay nadie realmente libre, ni nadie que haya dejado de ser borrego, jaja… Así que Epicuro ofrece el aislamiento, ese alejarse de esa masa, ya compacta o dispersa, para ejercitarse en el ejercicio de la libertad, que no es sino la de mandarse, la de hacerse obedecer, el tener voluntad.
Hasta pronto.■
Bueno Dani, no estás falto de razón en algunas cuestiones. Tu comentario me mueve a hacer ciertas precisiones.
No se entra en el artículo a definir explícitamente los motivos del cansancio del hombre al que va dirigido el sistema epicúreo, siendo la demostración de esto último (relación entre sistema epicúreo y cansancio) el núcleo del artículo. Esta situación de cansancio se deduce de la observación de aquello a lo que se aspira, por encima de todo, en este sistema: seguridad, imperturbabilidad, tranquilidad, etc.
No obstante, en el segundo párrafo se pasa revista brevemente a la época histórica de Epicuro y se señalan dos aspectos que pueden explicar este cansancio, que no hay que entender como cansancio personal, sino como cansancio epocal, como rasgo definitorio de todo un momento histórico, que es de transión, tal y como se señala.
Tienes razón en que atravesamos una época que tiene ciertas similitudes con la de Epicuro. El artículo, ya publicado aquí, llamado precisamente "El tiempo de Epicuro y nuestro tiempo" trata de delimitar semejanzas y diferencias históricas. Evidentemente, la crisis de nuestro tiempo es mayor.
Por último una reflexión marginal. Es muy lamentable que moralizadores de toda laya hayan centrado el estudio de Epicuro en el asunto del placer, hurtando de este modo el análisis del núcleo del sistema epicúreo. No nos cansaremos de repetir que en el centro de la filosofía de Epicuro está la consecución del placer, siendo la imperturbabilidad del alma, que se logra mediante la seguridad, el camino para conseguirla. No existen excusas "técnicas" para no haber emprendido un correcto estudio de Epicuro, autor cuyos textos conservados no son precisamente abstrusos. Igualmente, existe un buen conocimiento del contexto histórico y geográfico en el que escribió. así como del devenir filosófico del momento.
Hasta pronto.
Publicar un comentario en la entrada