viernes 11 de septiembre de 2009

"Sobre Epicuro" PARTE (PARTE I/III)

CICLO
"Sobre Epicuro" PARTE (PARTE I/III)
El tiempo de Epicuro y nuestro tiempo

Es interesante advertir los paralelismos existentes entre la época de Epicuro y del desarrollo de su escuela y la época nuestra. Salvando las distancias, que son muchas, Epicuro vive en la llamada época helenística. Se caracteriza este momento por la decadencia de la polis, de la ciudad-estado griega, y por el sometimiento de toda la Hélade a la monarquía macedónica. Es un tiempo de decadencia de la política y del concepto de ciudadanía tal y como lo entendían aquellos griegos. Puede establecerse cierto paralelismo con la situación actual: decadencia del estado-nación, sustituido cada vez más por entidades supra-estatales que sustraen parte de los poderes estatales, a la vez que los alejan de la deliberación y voluntad popular. Tal decadencia del estado-nación y de lo político viene acompañada por una pujanza de lo económico, que ha devenido en instancia decisiva de todo. Obviamente, el concepto de ciudadanía existente en la época actual se ha ido devaluando, hasta quedar en algo casi vacío. Al ciudadano va sustituyéndolo progresivamente el consumidor. Esto por lo que respecta al plano económico y político.

En lo que se refiere al aspecto espiritual y religioso del hombre, la época de Epicuro se caracteriza por un hondo sentimiento humano de haber sido abandonado por parte de los dioses. El optimismo griego ha desaparecido y el hombre siente que sus dioses se han alejado de él. En el momento actual vivimos una época de ateísmo y agnosticismo consecuencia del desarrollo del cristianismo. La religión que, en función de su ontología dualista (separación radical entre el ser increado y el ser creado), desacralizó el mundo, ha generado así la extraña creencia moderna que sostiene que Dios o los dioses no existen. Ya no es sensación de alejamiento, de abandono, como en tiempos de Epicuro, sino algo más radical. La crisis religiosa que vive nuestra civilización no tiene precedentes y el hombre está, como poco y siendo optimistas, desorientado.■

2 comentarios publicados, haz el tuyo:

Daniel "el Travieso" dijo...

Dices bien, León Riente, dices muy bien. No sé si serás consciente de lo mucho que dices en pocas palabras.

Esa decadencia de la que hablas es producto de la deshumanización, de la ruptura del individuo con su identidad: no sabe quién es, ni qué hacer... Es ese nihilismo nocivo, ese nihilismo oscuro la decadencia actual; no es un nihilismo sinónimo de una oportunidad de crear nuevos valores, nuevos mundos... Hoy, la mejor forma de desacralizar el mundo es ser mejor que Dios, más que él.

Pero hay una salvedad entre la época de Epicuro y la actual, y es que aún siendo aquella época macedónica una decadencia respecto a su pasado en el terreno cultural (que no por ello resultó decadente, pero eso es otra cuestión, porque en lo político…), fue mucho más brillante respecto a la nuestra, en comparación y en proporción. La cultura decrece en proporción a la deshumanización de las personas: en un mundo tan arraigado al ser como el antiguo mundo griego era normal que los hombres brillaran en el arte, preocupados, inquietos, dinámicos, porteadores y buscadores de algo nuevo.

Hasta pronto.

ivan dijo...

hola
muy interesante articulo, tengo que confesar mi ignorancia con respecto a Epicuro. he leido muy poco de su obra.
Sin embargo lo que rescato de este texto principalmente es esta gran verdad: Al ciudadano va sustituyéndolo progresivamente el consumidor.
Esto es lo caracteristico de nuestra sociedad, de esta etapa historica. De este proceso que dudo hacia donde nos conducira. ¿Nos hundira en la maxima oscuridad o acaso se aproxima la gran luz que redimira al mundo y a la humanidad?

hasta pronto, saludos