jueves 19 de marzo de 2009

NIETZSCHE Y EL CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO


“Nosotros los que conocemos somos desconocidos para nosotros, nosotros mismos somos desconocidos para nosotros mismos: esto tiene un buen fundamento. No nos hemos buscado nunca, - ¿cómo iba a suceder que un día nos encontrásemos? Con razón se ha dicho: «Donde está vuestro tesoro, allí está vuestro corazón»; nuestro tesoro está allí donde se asientan las colmenas de nuestro conocimiento. Estamos siempre en camino hacia ellas cual animales alados de nacimiento y recolectores de miel del espíritu, nos preocupamos de corazón propiamente de una sola cosa -de «llevar a casa» algo. En lo que se refiere, por lo demás, a la vida, a las denominadas «vivencias», - ¿quién de nosotros tiene siquiera suficiente seriedad para ellas? ¿O suficiente tiempo? Me temo que en tales asuntos jamás hemos prestado bien atención «al asunto»: ocurre precisamente que no tenemos allí nuestro corazón -¡y ni siquiera nuestro oído!Antes bien, así como un hombre divinamente distraído y absorto a quien el reloj acaba de atronarle fuertemente los oídos con sus doce campanadas del mediodía, se desvela de golpe y se pregunta «¿qué es lo que en realidad ha sonado ahí?», así también nosotros nos frotamos a veces las orejas después de ocurridas las cosas y preguntamos, sorprendidos del todo, perplejos del todo, «¿qué es lo que en realidad hemos vivido ahí?», más aún, «¿quiénes somos nosotros en realidad?» y nos ponemos a contar con retraso, como hemos dicho, las doce vibrantes campanadas de nuestra vivencia, de nuestra vida, de nuestro ser -¡ay!, y nos equivocamos en la cuenta... Necesariamente permanecemos extraños a nosotros mismos, no nos entendemos, tenemos que confundirnos con otros, en nosotros se cumple por siempre la frase que dice «cada uno es para sí mismo el más lejano», en lo que a nosotros se refiere no somos «los que conocemos»...”

Friedrich Nietzsche, La Genealogía de la Moral, Alianza Editorial, Madrid, 1986, octava reimpresión, Prólogo, 1. Páginas 17-18.


“Nosotros los que conocemos somos desconocidos para nosotros, nosotros mismos somos desconocidos para nosotros mismos: esto tiene un buen fundamento. No nos hemos buscado nunca, - ¿cómo iba a suceder que un día nos encontrásemos?”

Afirma Nietzsche que los conocedores no se conocen a sí mismos. ¿Qué puede suponer esto sino que sólo vertemos nuestra mirada hacia lo exterior? El modo de conocer occidental es un modo de conocer para el manejo del mundo; es un modo del conocer práctico para el trato con la ciencia y la técnica y sólo con lo productivo; es un modo de olvido y huida de lo interior.

El universo interior, nuestro más preciado tesoro, queda así olvidado y postergado sine die. El único haber auténtico que transportamos con nosotros mismos, que supone nuestro propio ser, el único haber que no podemos dejar atrás queda olvidado y despreciado: mañana intentaré pensar, mañana analizaré qué me pasa; mañana veré por qué no soy feliz a pesar de tenerlo todo. Así el haber interior, nuestra alma, lo que nos hace felices o desgraciados, queda desatendido por siempre.

¿No es penoso que verdades tan simples e importantes tenga que recordárnoslas un autor que ha sido calificado de ateo o al menos de agnóstico? ¿O será que Nietzsche era más auténticamente espiritual y hombre interior de lo que muchos de sus intérpretes y superficiales conocedores piensan? Alguien que proclamó la “muerte de Dios” o, al menos, de lo que supone la palabra “Dios” -pues también afirmó que creería en un Dios que cantara y bailara- ¿no proclamaría más bien la muerte de lo que supone “Dios” como metafísica, como falsa espiritualidad, como hipocresía de las iglesias y de los religiosos, como odio hacia la vida, como positivismo científico, como abstracción y mundo de sombras intelectuales que se aleja de la vida?

Es aparentemente penoso que nos recuerde estas verdades un autor como Nietzsche; pero no, pienso que Nietzsche era más auténticamente hombre profundo (interior) y amante de la verdad –aunque se equivocase como todo humano- que muchos de los tomados y proclamados como hombres espirituales por aquellos que no se conocen a sí mismos ni a los demás y no piensan con cierta profundidad; por aquellos que toman la vestimenta y los modos por la realidad, el continente por el contenido.

Afirma Nietzsche a continuación que este olvido del conocimiento de nosotros mismos por parte de “los que conocemos” tiene un buen fundamento, el que “no nos hemos buscado nunca” ¿Cómo se va a encontrar el que no se busca? Y añade luego “Con razón se ha dicho: «Donde está vuestro tesoro, allí está vuestro corazón»” citando a Jesucristo. ¿No es curioso? ¿No nos hace pensar esta cita que Nietzsche no fue tan despreciativo del mundo interior como algunos autores piensan? Y ello a pesar de que clamase frecuentemente en contra de toda religión constituida y de sus hipócritas representantes.

¡Ah! ¡qué verdad es que “nuestro tesoro está allí donde se asientan las colmenas de nuestro conocimiento”. De este modo nuestras búsquedas están ya lastradas desde el principio por el lugar donde hemos puesto nuestro corazón y por las creencias e intereses previos que nos mueven. ¿Quién negará la formidable intuición hermenéutica que subyace en todo escrito nietzscheano?

Dice nuestro autor a continuación: “no nos entendemos, tenemos que confundirnos con otros”. En efecto, al ser extraños para nosotros mismos, al huir de nosotros mismos, no nos queda otro remedio que tratar de confundirnos con la masa. Tratar de ser masa. Si no, nuestra soledad, al estar solos con nosotros mismos -que somos extraños para nosotros mismos-, sería extrema y todo el mundo huye de la soledad extrema.

¡Qué diferencia con aquel que se conoce a sí mismo, y que, del cuidado, solidaridad y sacrificio por los otros extrae el propio aprecio, de tal forma que no se siente solo cuando está a solas consigo mismo, sino acompañado de la persona que ha querido ser y que está plenamente llena de este cuidado y atención a los demás. Porque quien se da a los demás sin esperar nada a cambio posee el afecto que da, centuplicado en sí mismo.

No sabemos lo que vivimos en cada situación, nos dice Nietzsche. No meditamos sobre nuestra vida. No poseemos ninguna técnica de conocimiento verdadero de nosotros mismos y de conocimiento de los demás; ningún conocimiento de la constitución interior para poder estudiarnos a nosotros mismos. ¿No hay aquí material de sobra para reflexionar seria y profundamente? Bueno, si no lo hacemos se cumplirá siempre en nosotros lo que Nietzsche denuncia: “Nosotros los que conocemos somos desconocidos para nosotros…

9 comentarios publicados, haz el tuyo:

daorino dijo...

Hay algo que me gustaría comentar. ¿No sería la muerte de Dios precisamente por esa mirada al exterior? Al negarse a uno mismo uno niega en parte a Dios. Se me viene a la mente frases como "Dios está en el interior" o "cada creyente es Iglesia". El escrito de Juan Dianes abre nuevas perspectivas respecto a Nietzsche, y no precisamente como ateo o agnóstico (calificados lanzados a Nietzsche muy a la ligera), sino que abre perspectivas hacia un hombre cuya intención era mostrar como tal son las instituciones religiosas, que dejémoslo claro: una institución no es la religión, una institución no debe ser afín a la vivencia religiosa de una persona, ni siquiera una creencia en un Dios debe sujetarse a lo religioso y muchas vivencias son religiosas sin tener creencia en Dios.

Por otra parte, Nietzsche habla de mirada introspectiva para conocerse. Tal vez entienda (y esto que digo es opuesto a lo de arriba, pues estoy barajando un nuevo camino de análisis) que creer en Dios es una huida, si es que Nietzsche entendiera que Dios es una huida (esto es una conjetura mía, no quiero atribuir nada a Nietzsche sin ser cierta del todo o sin saber a ciencia segura que así es). En este sentido, LA MUERTE DE DIOS no es sino un camino hacia la introspección, quien sabe si para encontrarse con Dios, pero esta vez de forma más verdadera, o simplemente para desarrollarse bajo otras miras.

Añado a este comentario que el ateo es un creyente resentido, alguien que no ha superado a Dios pues lo tiene presente como enemigo, con su ira justifica ya de por sí la existencia de Dios en cierto modo; porque seamos realistas, sería estúpido creer en algo que no existe pero más estúpido es proferir críticas y deploraciones ante algo irreal, no sé si me explico. El ateo es alguien que sufre de acidez de estómago, jeje.Es decir, el ateo es un mal rumiante porque no digiere a Dios, porque no tiene acceso a la libertad de una NO creencia en Dios, que sería el Nihilismo. Por esto creo que Nietzsche no es ateo, el supera a Dios de manera que lo aniquila.

En definitiva, Juan Dianes, muchas gracias por brindarle a mi modesto blog este artículo de gran fuerza.

Hasta pronto.

daorino dijo...

Bueno, quisiera aclarar lo del creyente resentido.

El ateo pretende aspirar a la no creencia en Dios, pero se queda en el resentimiento. La no creencia, la negación total, sería el Nihilismo. Por lo tanto, el ateo es un mal rumiante porque no digiere ni a Dios por un lado ni su negación por otro, por lo que no tiene acceso ni a Dios ni al Nihilismo.

Esto lo explico en sentido Rossetiano porque queda bastante claro.

hasta pronto

León Riente dijo...

Quiero aprovechar para darte la enhorabuena por tan incisivo y esclarecedor artículo, Juan.

Sólo voy a hacer dos comentarios, para complementar un poco lo dicho y aportar otro punto de vista.

Por un lado, calificar de ateo o agnóstico a Nietzsche es un auténtico error, tal y como dejas entrever acertadamente en tu texto. Existe bastante consenso entre muchos estudiosos, y entre casi todos los que se han acercado a su obra de una forma rigurosa, en que las perspectivas religiosas de Nietzsche son paganas. Estamos ante un pagano, si no literalmente (el neopaganismo no había tenido lugar aún), sí en la idea. Este error de caracterización de Nietzsche como ateo se aprecia en toda su claridad al comprobar que el ateísmo es, como se sabe, una consecuencia del desarrollo, hasta sus últimas consecuencias, del cristianismo. Esta religión, con su dualismo ontológico entre el Ser Increado y el Ser Creado, donde la Creación es considerada un acto contingente, que en nada añade valor a un ser perfecto en sí, termina desacralizando el mundo. De ahí el camino hacia la secularización y hacia el ateísmo es sencillo. El ateísmo como tal es un fenómeno específicamente moderno que no se dio, en sentido estricto, en la antigüedad pagana europea.

Igualmente, el hecho de que el propio Nietzsche cite una frase pronunciada por Jesús de Nazareth, no es tan asombroso como a algunos les podría parecer. Y es muy positivo que remarques ese hecho, Juan. Considero, y creo que estarás de acuerdo conmigo, en que muchos de los que dicen haber leído El Anticristo, no han pasado del título. Digo esto porque en ese libro se realizan una serie de consideraciones sobre la figura de Jesús de Nazareth, bajo el concepto de psicología del nazareno, que son bastante ignoradas por el gran público y que dan una perspectiva nueva de esta figura y, sobre todo, de su valoración por parte de Nietzsche, que es mucho menos negativa de lo que una lectura sesgada de ciertos otros textos podría hacernos creer.

Juan Dianes Rubio dijo...

En primer lugar, Daorino, agradecerte tu estima de mi artículo y, en segundo, apreciar la agudeza de tus comentarios que me obligan a algunas apreciaciones añadidas.
Bueno, dicho esto, intentaré contestar a tus interrogantes en la medida que mi entendimiento de Nietzsche lo permite.
Creo que la mirada exterior puede desembocar, efectivamente, en la "muerte de Dios", subjetivamente, para el individuo que, de tanto practicarla, pierde la conexión con el mundo interior de sus sentimientos, inteligencia y aprecio de la síntesis que los Planos Inteligentes Cósmicos o Grandes Seres Cósmicos que dirigen la evolución del Planeta realizan cada vez más dentro de nosotros y fuera de nosotros.
Empleo esta expresión "Planos Inteligentes Cósmicos" para no emplear las de "Dios", "Divinidad", etc. que están cargadas a veces de las connotaciones que les han impuesto todos los odiadores bajo capa de religiosidad (vid. Nietzsche).
En este sentido, para mí el odio a lo que sea, y más a quien sea, y la exterioridad como materialismo craso, nos aleja del sentir a Dios internamente y nos acerca, por lo tanto, a la "muerte de Dios" que se realiza subjetivamente en nosotros.
En efecto, sólo al no negarse uno a sí mismo, como bien dices, se puede conectar uno mismo a Dios a través de nuestro propio interior que es donde El vive (recordemos que las religiones exotéricas se han presentado como medianeras irrenunciables y expendedoras exclusivas de la conexión con Dios, cuando lo cierto es que Dios vive en nosotros y nos podemos transformar en cierto sentido en Él).
La segunda parte de la respuesta es que la "muerte de Dios" era para Nietzsche el nihilismo de la cultura occidental producto de los falsos valores creados por el socrato-platonismo y por el judeo-cristianismo y toda la contaminación metafísica de esta cultura -ejemplicada por Nietzsche en la momificación conceptual de estos filósofos-,incluyendo en el nihilismo la ciencia positivista que no refleja la vida y el lenguaje cosificador y metafísico. Como digo, estos falsos valores al desvalorizarse, por ser falsos precisamente, desembocan según Nietzsche en un nihilismo pasivo que, luego, el León o figura del luchador rebelde que se revuelve contra ellos -que representa el nihilismo activo- los destruye hasta la aparición del Superhombre o Niño que sobre la planicie de la extinción de estos falsos valores de la cultura occidental crearía los nuevos valores del superhombre.
Admito, por otra parte, que es posible que para muchos la creencia en Dios sea sólo una huida y que, al dejar de huir desechando la creencia en un concepto falso de Dios, (no que para mí Dios sea inexistente o falso) es posible que uno de los caminos posibles que tomase como alternativa a esa huida anterior fuese la verdadera instropección para encontrarle de verdad de alguna manera.

Juan Dianes Rubio dijo...

Agradecerte también, León Riente, tus acertadas y conscientes apreciaciones fruto de tus atentas y sosegadas lecturas de Nietzsche. Por tanto, muy apreciada por mí tu crítica que considero fruto de un notable conocimiento de este autor.
Por otra parte, estoy tan de acuerdo con lo que dices que casi voy a citarlo y poco más: "el ateísmo es, como se sabe, una consecuencia del desarrollo, hasta sus últimas consecuencias, del cristianismo. Esta religión, con su dualismo ontológico entre el Ser Increado y el Ser Creado, donde la Creación es considerada un acto contingente, que en nada añade valor a un ser perfecto en sí, termina desacralizando el mundo. De ahí el camino hacia la secularización y al ateísmo es sencillo."
Plenamente de acuerdo y mis lecturas de Teosofía -y ocultismo en general- abonan plenamente esta tesis. El expulsar al Dios trascendente y Absoluto tan radicalmente fuera del mundo -siendo al mismo tiempo inmanente a él en realidad- y el poner el acto de creación como algo en lo que no se consigue ningún incrementeo del ser, es absurdo y desemboca en la desacralización del mundo y en el ateísmo, como efectivamente ha ocurrido a lo largo de la historia.
De hecho creo en una jerarquía de Seres Divinos que crean y progresan en su creación. Por ejemplo un Logos Planetario progresa en aspectos de Sabiduría, Poder y Amor conscientes de forma incomprensible para nosotros, al propio tiempo en que durante eones progresa el esquema planetario que dirige. Mucho más ocurre esto con un Logos Solar que crea y desarrolla un Sistema Solar o con un Logos Cósmico -que agrupa a siete Logos Solares- a quien El Tibetano describe como "Aquel de Quien nada puede decirse".
Soy consciente que todo esto requiere días enteros de lectura, meditación y confrontación con múltiples conocimientos para hacerlo verosímil y llegar a ver su posibilidad.
De acuerdo también en tus apreciaciones sobre la no suficiente profundización de muchos en la obra El Anticristo.
Cuando un autor como Nietzsche se interesó tan apasionadamente por la figura de Jesús es porque los valores de fondo de esta figura de alguna manera eran compartidos por él, aunque no así la interpretación oficial de Jesús y su utilización por parte de las versiones oficiales de su vida y de su doctrina.

mar. dijo...

los maniquíes y las novias. sabes? hoy en día es casi imposible encontrar niñas no-maniquí.
todas tan artificiales, y TAN BONITAS Y PERFECTAS, pero solo eso.

muñequitas de trapo o de carne y hueso?

es lo mismo, muñequitas al fin.

igual estaría bueno ser una maniquí. no tendrías el corazón habilitado para ser roto por cualquier sátrapa ¿porque no tienen directamente?

algo así es lo que quiero decir.. espero se entienda =)




(por otro lado me gusta su nietzsche, y su forma de hablarlo)

daorino dijo...

Gracias, Mar, por el comentario. Haces alusiones a una entrada de tu fantástico blog, que me gustó mucho.

He de decirte que eres una gran mujer de carne y hueso, lo demuestras con tu blog y con este comentario en el mío.

Mejor tener un corazón que se rompa a un vacío inaccesible e increativo, un vacío que no conduce a ninguna parte ni da pie a cosas nuevas, sino a la nada más vasta e infertil.

Mejor ser humano a no ser. En fin, lo del maniquí encierra una gran cuestión filosófica, tal vez me atreva algún día a abordarla.

Nietzsche debe gustarte, él nos enseña a ser Hombres, a ser nosotros mismos, a ser creadores y directores de nuestras vidas en su medida, nos enseña a ser más en definitiva; y cómo no, nos enseña a no ser maniquíes, jajajaja...

Hasta pronto, Mar.

alexpantarei dijo...

No se libra el hombre de ciertas "cosas" cuando han desaparecido, menos aún cuando es él mismo quien ha logrado hacerlas desaparecer. Podrían dividirse las cosas de la vida en dos categorías: aquellas que desaparecen cuando las negamos y aquellas otras de realidad misteriosa que, aun negadas, dejan intacta nuestra relación con ellas. Así, eso que se oculta en la palabra, casi impronunciable hoy, Dios.

Quien dice "Dios ha muerto" participa al menos en su muerte, en el crimen. ¿No lo hará acaso movido por la esperanza de hundirse en él, de identificarse abismándose, llevado por esa locura de amor que llega hasta el crimen cuando ya no se soporta más la diferencia con el amado, el abismo que aun en los amores entre los iguales permanece siempre? Y profiere su grito "Dios ha muerto" esperando, quizá, absorber a Dios dentro d esí, comulgar en la muerte de un modo absoluto, que no haya más esa diferencia entre la vida divina y la nuestra. Desesperación de seguir soportando la inaccesibilidad de lo divino.

"Una cultura depende de la calidad de sus Dioses" -María Zambrano. El Hombre y Lo Divino-

mar. dijo...

sr. daorino:

agradezco todo lo que decís, sobre todo la contra a los maniquíes, y tu aprecio por mi gusto a leer (e ir de a poco comprendiendo) al gran nietzsche.

y si, soy la media chica de la foto que dió estreno a mi blog.