viernes 12 de marzo de 2010

Nicolás MAQUIAVELO
sobre Fernando de Aragón

El siguiente texto, del que no diré nada especial, pues Maquiavelo se basta a sí mismo sin nadie que lo interprete (tan claro es el florentino), es un buen ejemplo de cómo un Rey, en este caso Fernando de Aragón, se hizo respetar. Eran otros tiempos, entonces nuestro país no era uno más en Europa, sino una gran potencia. No existía el buenismo y por lo tanto un Rey o un Príncipe o quien sea hacía lo que tenía que hacer y punto. Ay esa Santa Crueldad...

«Nada proporciona a un príncipe tanta consideración como las grandes empresas y el dar de sí ejemplos fuera de lo común. En nuestros días tenemos a Fernando de Aragón, el actual rey de España, a quien casi es posible llamar príncipe nuevo porque de rey débil que era se ha convertido por su fama y por su gloria en el primer rey de los cristianos. Si examináis sus acciones, encontraréis que todas son notabilísimas y alguna de ellas extraordinaria: al comienzo de su reinado asaltó el reino de Granada y esta empresa le proporcionó la base de su poder. En primer lugar la llevó a cabo en un momento en que no tenía otras preocupaciones y sin peligro de ser obstaculizado. Mantuvo ocupados en ella los ánimos de los nobles de Castilla, quienes al pensar en aquella guerra dejaban ya de pensar en promover disturbios en el interior. Entretanto y sin que ellos se dieran cuenta, iba consiguiendo reputación y sometiéndolos a su poder. Pudo sostener sus ejércitos con el dinero de la Iglesia y del pueblo y aquella larga guerra le dio la posibilidad de proporcionar un sólido fundamento a su ejército, el cual le ha conquistado con posterioridad gran renombre. Además de todo esto, para estar en condiciones de acometer empresas mayores —sirviéndose siempre de la religión— recurrió a una santa crueldad expulsando y vaciando su reino de marranos. No es posible encontrar una acción más triste y sorprendente que ésta. Después, arropado siempre con la misma capa, atacó África, llevó a cabo la empresa de Italia y últimamente ha atacado a Francia. De esta forma ha realizado y tramado siempre grandes proyectos que han mantenido siempre en suspenso y asombrados los ánimos de sus súbditos, atentos al resultado final. Estas acciones suyas se han sucedido de tal manera la una a la otra que nunca ha dejado espacio de tiempo entre una y otra para que se pudiera proceder contra él con calma.(…)»

Nicolás MAQUIAVELO, El Príncipe. Alianza Editorial, año 2008 (Décima impresión). CS 3401, Pág. 123, 124. Traducción de Miguel Ángel Granada.

viernes 5 de marzo de 2010

LA IMPOSTURA E HIPOCRESÍA ATEA

No creo en vuestras utupías espirituales y materiales, no creo en vuestro camino recto ni en vuestra esperanza, no creo en aquellos que prometen un paraíso; yo solamente creo en una felicidad construída con esfuerzo, sufrimiento y heroicidad, una felicidad hecha de triunfo y de sangre, una felicidad que brote de mis ojos en forma de lágrimas, una felicidad por la que deba luchar y no bajar la guardia. No creo en nada regalado, sólo en mi voluntad. (daorino)

No quiero poner a los ateos en el mismo saco, pues entre los mismos existen infinitud de formas; por ejemplo, no quiero referirme a Michel Onfray, que se denomina ateo por el simple hecho de no haber una palabra mejor, y a otros hombres y mujeres consecuentes con lo que dicen que demuestran su repulsa a cualquier religión... abrahámica («estos hombres y mujeres serían entonces bastante ignorantes, al identificar religión y creencia en lo divino con religión abrahámica, así que no sé si serán consecuentes o no, pero melones sí que lo son y bastante», dijo León Riente). Tampoco quiero acusar a todos los creyentes en su Dios en su totalidad. Mi intención es pormenorizar analíticamente dentro de mis posibilidades la hipocresía de un grupo muy fuerte de ellos y que denominamos comúnmente como progres, ya que la palabra progresista –que no por ello significa algo mejor– les queda grande. Los progres de hoy son unos catetos en lo teórico en comparación con sus ascendientes ideológicos del siglo XIX.

Así pues, es interesante exponer la relación del «ateo hipócrita» frente al cristianismo y sus diversas formas (católica, protestante, etc.) y el Islam en concreto. Es curioso como los progres se abanderan con la tolerancia convirtiéndola en su seña de identidad y en una de sus artimañas favoritas para defender su supuesta superioridad moral. Sin embargo, ésta queda anulada cuando se trata de ser tolerante con las diversas vertientes cristianas, de forma que reaccionan con odio y resentimiento: no defiendo el cristianismo, sino que señalo la hipocresía de un tipo de ateo en concreto. Contrariamente, se demuestran muy complacientes con el Islam… En definitiva, al “ateísmo hipócrita progre” lo que le molesta es el cristianismo, mientras que ve en el Islam una especie de aliado ideológico. Su ateísmo queda en entredicho, pues un ateo debe reaccionar contra todo aquello que sea religión al margen de a los dioses que se veneren: ¿queremos que nos gobierne de nuevo la fe? Pues el ateísmo es la nueva fe, una fe destructiva dañina para todos los seres. En definitiva, mientras que los progres dejan vía libre al islam con su malentendido concepto de tolerancia, demuestran que no son tan ateos realmente, ni no creyentes, sino que ven en el cristianismo su enemigo doctrinario y en el islam un aliado para combatirlo con el que simpatizan.

Socialismo (marxista) e Islam son dos formas confluyentes y altamente complementarias para muchos:

Aunque no demasiado para otros:

Célebres son por otra parte la conversión de muchos comunistas al Islam, lo cual no es casualidad, y las alianzas tipo Venezuela-Irán.

En todo caso la realidad es manifiesta y existe una gran connivencia por parte del gobierno español en apoyar y promover con sus leyes de discriminación positiva al colectivo islamista, por lo cual es innegable que existe un trato de favor y una política que va en contra de los propios españoles y europeos, quienes pagamos encima los costes de la colonización que resistimos algunos, que toleran otros y que agradecen otros muchos. Señores, si el cristianismo, que es una religión extranjera, dejó a la bella Europa en el oscurantismo, la que se avecina con el Islam y el progre-socialismo («Universalsocialismo» o «globasocialismo», permítanme los neologismos), otra religión extranjera la primera –proveniente del desierto y por lo tanto extraña para nuestras montañas, ríos y fauna– y perversión y autoodio del hombre europeo la segunda (sentimiento reaccionario contra el cristianismo, una respuesta nefasta ante la podredumbre judeocristiana: es como una pelea entre «gitanos»), no dejarán un reguero de luz por nuestra cultura europea precisamente, ¿para qué se usa el velo y el burka si no? (jeje). Por otro lado, no debemos dejarnos llevar por el victimismo de las diferentes iglesias cristianas, dicha religión es consecuencia y origen de nuestro problema con el progre y el islam.

¿Por qué los progres, furibundos perseguidores de todo cristianismo no recelan de la misma forma ante el Islam? Porque por experiencia propia he hablado con muchos socialistas y es evidente la simpatía que sienten hacia el Islam sin ver en ellos una amenaza al hombre blanco y al espíritu europeo: el hombre español, especialmente el andaluz, se siente hermanado con el pueblo musulmán por alguna anomalía racionalista o patología mental que desconozco. Se escudan con que éstos (los moros y sarracenos) eran tolerantes y trajeron a España una época de apogeo cultural… ¿cómo? Incluso llegan a decir que los musulmanes que conquistaron España dejaron un legado mucho mayor que la de los propios romanos. Así que está claro que los ateos hipócritas no son ateos en tanto que fervientes creyentes y seguidores de su moral judaizada de cristianismo invertido y de admiración a todo lo que mire a la Meca. ¡El socialismo es la cuarta religión abrahámica!


¿Por qué justifican su repulsa contra el catolicismo español en que éstos no deben inmiscuirse en lo político y permiten que se constituya legalmente un partido de ideología islámica a nivel nacional? Cuando esto ocurre el Islam deja de ser una pretensión exclusiva de lo privado y se le da la posibilidad de hacerse fuerte e inmiscuirse en toda la vida pública. El estado aconfesional y laicista queda en entredicho.

Prosiguiendo con el análisis al ateo, no es la primera vez que en este blog de dice que el socialismo progresista es una religión más que se basa en la fe y en la esperanza. Como dije anteriormente es la cuarta religión abrahámica, pero en lugar de estar basada en el amor a un Ser Superior se basa en el odio a ese Ser. Eso sí, si las tres clásicas religiones abrahámicas tienen un componente masoquista el «progresocialismo» lo ha transformado en auténtico goce, promiscuidad, perversión de la juventud, de la sociedad, de la educación… ¡ES SU REPRESENTACIÓN DE VENGANZA, PERO DE UNA VENGANZA PÉRFIDA Y LLENA DE RESENTIMIENTO! Los ateos no dejan de parecerme meros sacerdotes que venden su moral de autoodio y de desagravio contra su propio país y raza; lo demuestran aliándose con el islam, simpatizando con él, dejando vía libre al inmigrante, promulgando la piedad y la pena ante el desvalido (pobre marroquí, vamos a darle una casa, ropa, comida…) y sobre todo condenando el exceso fuerza, tachándolo como una muestra de autoritarismo y represión. Una vez más, mala conciencia, chantaje emocional, castración de la voluntad, exaltación de la podredumbre y de la pusilanimidad, falsa superioridad moral: los ideales ascéticos trasvasados a la modernidad pero con forma adulterada. ■


sábado 27 de febrero de 2010

EJEMPLO DE LITERATURA PROGRE
Un paseo por Invisible, de Paul Auster

«(…) No me gusta que me atienda el servicio doméstico. Me ofende en cierto modo, sobre todo en una situación como ésta, con tres personas trabajando sólo para otras dos, tres personas negras sirviendo a otras dos blancas. Una vez más: ecos desagradables del pasado colonial. ¿Cómo liberarme de ese sentimiento de vergüenza? (…)» 

Paul Auster, INVISIBLE. Editorial Anagrama S.A., Barcelona, diciembre de 2009. Pág. 263. Traducción de Benito Gómez Ibáñez.

No hace mucho leí Invisible, la última novela de Paul Auster. La verdad es que al margen de todo lo que diré a continuación me parece un buen escritor, un hombre inteligente que conoce muy bien las técnicas para construir personajes e historias: es el ejemplo perfecto de escritor de oficio (escritor profesional). Yo, no como muchos, puedo presumir de leer a literatos progres y por lo tanto tengo mayor derecho y conocimiento para criticarles. Los argumentos para atacar a los progres se encuentran precisamente en lo que ellos escriben, así que animo a todos a que lean a Saramago, el ateo odiador (reconozco que traté demasiado bien a Saramago cuando escribí sobre su obra Caín), a Auster, y a otros escritores de menor corte estilístico y de calidad. Luego puede uno cogerse un libro de Nietzsche o Heidegger para descontaminarse.

El fragmento de arriba es una muestra -una más solamente, pues durante toda la historia se pueden leer multitud de párrafos cortados por el mismo patrón- que ya por sí sola define a Paul Auster y al tipo de lector al que va dirigida la novela: desde luego, yo la leí, pero a mí no iba dirigida. En grandes rasgos, durante todo el libro uno puede oler el autoodio racial, el insulso pacifismo y el ensalzamiento a la podredumbre y a la pusilanimidad… y a cualquier ser que no sea blanco. Es una novela llena de moral donde Auster se parapeta en ciertos personajes, dividiéndoles entre buenos y malos, bondadosos y maléficos, fortaleza (es sentido de Mala) y debilidad (en sentido de Buena).

En el propio fragmento de arriba uno puede intuir ese complejo de culpa inoculado en el hombre blanco de cultura occidental, esa culpa creada en las escuelas a través de la asignatura de Historia y a una reconstrucción histórica moderna partidista donde el hombre blanco sale perjudicado, donde el hombre blanco y toda la cultura occidental son dibujadas como seres monstruosos que hacen daño, destruyen y matan casi por placer: como si las demás civilizaciones fueran ciclópeas manadas de buenos corderitos. Todos sabemos bien que todo pueblo con un poco de amor propio hace lo que tienen que hacer… procrear y expandirse. La guerra no solamente es para defenderse, sino para purificar la tierra y la sangre: el pacifismo es dañino, pues éste te deja indefenso e inútil en un mundo salvaje; actualmente Occidente está reculando, replegándose, rindiéndose: el pacifismo es en sí antibiológico, el hombre siempre ha sido un luchador, un guerrero, un sabio… pero no un niño bobo -como dice León Riente, vivimos en la actualidad en una minoría de edad, no en el sentido expresado por el envenenado Kant, sino en relación con la moral de las culturas grecorromana y la actual. Nadie quiere una guerra, nadie la desea, pero en un mundo donde la inteligencia y la razón escasean mejor saber defenderse; para los europeos que odiamos la guerra porque supone una ruptura con todo hemos de reivindicar sin embargo tan noble arte para defendernos de la irracionalidad y de la estupidez… y de la que se nos avecina. Dejemos los manotazos en las mejillas de los masoquistas, de los abrahámicos y de Paul Auster; si nos dan, respondamos… incluso desproporcionadamente.

«¿Cómo liberarme de ese sentimiento de vergüenza?», dice Paul Auster en Invisible poniéndolo en boca de una mujer. Se avergüenza de proceder de conquistadores, de proceder de portadores de civilización, cultura y tecnología… ¿por qué tanto autoodio en las historias escritas por hombres de izquierda y progres? Una vez más se demuestra el corte judeocristiano del progresismo y del marxismo cultural, "padres doctrinarios" de esta novela del escritor Auster.■